Bicicletería Pratto en el programa de Quique Pesoa por radio Nacional

Transcribimos a continuación la entrevista que el conocido periodista y conductor Enrique «Quique» Pesoa le hizo a Carlos Gracián, el propietario de la tradicional bicicletería Pratto de Rojas

 

Bicicletería Pratto desde 1949, en la esquina de general Paz y Cristóbal Colón

 

Pesoa: ¿Vos trabajás en la bicicletería desde 1949, Carlos (ríe).

Gracián:

“No, la bicicletería fue fundada en 1949 por mi padre. Yo estoy desde 1975, hace un montón de años. Heredé esto de mi viejo, porque le agarró un ACV, luego falleció, y yo estaba en otra actividad, la del estudio contable, que para eso había estudiado. Pero me gustan mucho los fierros, particularmente la bicicleta, y como soy único hijo, mi vieja estaba sola, el taller estaba montado y si bien me faltaba pulir muchos detalles, fue así como arranqué”.

 

¿Por qué vos sos Gracián de apellido y la bicicletería se llama «Pratto»?

“Es una historia. Mi papá tuvo a sus hermanos de apellido Pratto. Su mamá era Gracián. Al fallecer Pratto, mi abuela conoció a un hombre, tuvo dos hijos, pero ese hombre no los reconoce y mi abuela era Gracián”.

 

¿Cómo fue la primera bici que agarraste para arreglar, cuando decidiste meterte en el boliche del viejo?

“Tenía una base con respecto a eso. En Rojas no hay transporte público, y la bicicleta siempre se usó mucho. Eran las bicicletas convencionales, las rodado 26 o 28, que no lleva mucho trabajo porque no tenían cambios, las cosas eran bastante sencillas. Entonces, un poco para que el boliche no se cerrara y otro poco de caradura, atropellé. Y había que prestarle mucha atención a los detalles como el dínamo, la conexión, pero bueno, yo aprendí mucho mirando a mi viejo, y metiendo mano también”.

 

Fuiste presenciando, de alguna manera, desde aquella bicicleta sencilla hasta las actuales con distintas coronas y con cambios...

“Sí, vi de todo. En un momento, por el año 2000, o 2001, con el despelote económico del país, había una casa importate que me proveía bicicletas y yo fui el primero que trajo una con cambios de veintiuna velocidades a Rojas. Venía con tres coronas y siete piñones; era un trabajito meter mano ahí, pero a raíz de eso seguí, hasta que las cosas comerciales no fueron bien. Quise apostar a agrandar mi negocio, repuse toda la mercadería, y justo viene el auge de las bicicletas que vendían hasta en las carnicerías. Yo no podía dar planes de cuotas, así que fui a parar al arroyo...”.

 

Pero saliste a flote...

“Gracias a Dios, sí”.

 

Y es así como hoy en día tenés una verdadera fortuna...

“La fortuna es lo que veo acá: mi banco de trabajo, mis herramientas y los clientes que aún me siguen. Pasan las generaciones, atendí al abuelo y hoy estoy atendiendo al nieto”.

 

En esos años cuando vos comenzaste yo recuerdo haber comprado una bicicleta que venía con un motor a explosión, muy bien hecho, pero que no tenían arranque; había que pedalear. ¿Pudiste arreglar alguna de ésas?

“Yo no vendía de ésas, pero algunos me trajeron para arreglar. El tema era que todo pasaba por el motorcito, como el de una moto pero compactado, y entonces, cuando había problemas de carburación, o encendido, cosas por el estilo, el cliente tenía que ir a otro lugar. Yo arreglaba lo propio de la bicicleta, nunca le metí mano porque no quise romper nada”.

 

Me estoy acordando de que el motor Cucciolo estaba cerca de la corona; pero esta bicicletita, japonesa creo, tenía un motor adelante y un rolo de goma que, pegado a la rueda, la movía por fricción; una cosa infernal. Bueno, contame cómo es Rojas.

“Es un pueblo ya ciudad; en este momento tenemos una empresa muy importante como el molino Cabodi, uno de los más importantes que hay en el país; a Monsanto, una empresa que a algunos les gusta y a otros no, por el glifosato y esas cosas...”.

 

Siempre hay que pensar no solamente en el daño que producen, sino en la gente que tiene trabajo ahí...

“Rojas tiene un gran movimiento gracias a Monsanto. A mí también me duelen ciertas cosas, pero no quiero profundizar mucho porque hay cosas que todos sabemos”.

 

Mucho material para discutir...

“Para nosotros es un empuje tremendo; los meses de la chala, que son desde diciembre hasta marzo, hay un movimiento de camiones impresionante. Han incorporado a gente de UATRE, incluyendo a las chicas”.

 

¿Transporte público, no hay?

“No hay. Hubo en un momento, pero es un pueblo chico que no se termina de acostumbrar a ser ciudad”.

 

O sea que hay una cantidad enorme de bicicletas...

“Hay muchas, porque hay otras industrias también. Pero no obstante eso, no son las bicicletas de hace treinta años. Cuando empezaron a salir las motitos, hubo años que esto era como la heladería en el invierno”.

 

¿Tenés familia vos?

“Tengo a mi señora y tres hijos. El mayor, varón, es profesor de historia. El segundo es un médico que estuvo haciendo la residencia cerca de tus pagos, en Domingo Funes; estuvo cuatro años ahí, y ahora lo incorporamos a Rojas. Y tengo una hija que es psicóloga y vive en Rosario”.

 

O sea que ya no tenés que alimentar a nadie, salvo a ustedes dos...

“Estamos con mi señora, y estamos bien, gracias a Dios”.

 

Ahora que empiecen a mandar unos mangos ellos...

“Es lo que hago cuando vienen. Prendo el fuego, pero no hay nada para poner en la parrilla; que lo pongan ellos”.

 

¿Algo más que quieras contarme?

“Hay muchas cosas para hablar, pero lo básico es eso. Lo mío es un trabajo artesanal, y más aún en este momento, porque me están saliendo cosas de esas bicicletas importadas que vienen, y yo tengo las terrajas para hacer roscas... el bicicletero viejo tiene todo”.

 

Gracias por esta pintura de las bicicletas y de Rojas...

“No tenés nada que agradecerme. Me parece un sueño estar hablando con vos. Te mando un abrazo grande, y ya te conoceré en la hostería, en San Marcos Sierras”.

 

Carlos Pratto, padre de Carlitos Gracián junto a Salinas amigo de la casaen el local de ventas

 

El conocido periodista y conductor Enrique «Quique» Pesoa

 

Carlos Gracián: «Poder contar lo que hago a “Quique” Pesoa fue un gran orgullo»

 

Carlitos Gracían heredó de su padre Bicicletería Pratto y fanático de El Huracán

 

Bicicletería Pratto, de Carlos Gracián, es uno de los talleres tradicionales y más conocidos de nuestra ciudad. Tiene su historia, que acaba de ser difundida por el destacado periodista y conductor Enrique «Quique» Pesoa en su programa de Radio Nacional Buenos Aires

 

Carlos tiene sesenta y siete años; está casado con Alicia Beatriz Ibarra, con quien tiene tres hijos: Carlos Damián, Ezequiel y Gabriela. Clara, Benicio y Amanda son sus nietos.

La bicicletería nació en 1949, creada por el padre de Carlos en su primer local, sobre calle Dorrego. Su actual dueño se hizo cargo en 1975.

 

¿Cómo llegó Carlitos Gracián a contar su historia por Radio Nacional?

«Yo soy un oyente de radio de toda la vida; viviendo mi viejo encendíamos la palanca eléctrica que cortábamos todos los días para que no hubiera ningún problema de electricidad, y lo primero que se prendía era la radio. La incorporé desde muy chiquito. Luego, estando solo en el negocio, seguí adquiriendo eso. Y a Quique Pesoa lo conocí allá por el año 86, u 87, en un programa que tenía en radio Rivadavia a mediodía. Lo hizo un par de años, y después lo sacaron y no lo escuché más. Lo busqué, pero no lo encontré; hasta que un sábado a la mañana, temprano, escuché una voz parecida, que me sonaba. Como en el negocio había interferencia, entré en la casa de mi hijo para cambiar la radio de lugar, la escuché más nítidamente, y me di cuenta de que era él. Me quedé escuchándolo hasta que terminó, a la una de la tarde. De esto hará un año, más o menos», explicó.

 

Siguió diciendo: «Al ser escucha de radio, selecciono lo que quiero escuchar; y soy de mandar WhatsApp cuando escucho cosas interesantes. Este hombre me ha enseñado muchas cosas, porque tiene un programa cultural muy interesante; le gusta la preparación de comidas, visita distintos lugares del país y la gente le explica cómo hace ciertas cosas, y por eso el programa se llama "Estudio país", en homenaje a Juan Alberto Badía. Le mandé un mensaje, se me ocurrió poner alguna referencia del negocio, y se interesó. El productor, entre semana, me respondió diciéndome que querían hacer una nota conmigo. Quique Pesoa me llamó un día, charlamos un rato antes de grabar la nota, y para mí fue una cosa muy importante, algo que me llegó al corazón, porque esto es mi vida; son cuarenta y seis años acá adentro, lo cual me permitió constituir a mi familia, hacer estudiar a los chicos, esas cosas. Así llegó la bicicletería a Radio Nacional».

 

«Fue una cosa muy emotiva volver a encontrarlo a Quique en la radio. La satisfacción fue muy grande, y haber podido mostrar mi negocio en su programa, un verdadero orgullo», finalizó diciendo. Así, la bicicletería más antigua de Rojas llegó a la radio con un verdadero personaje como Quique Pesoa.