Liz Balut. Una actriz con una fuerte personalidad y seductora por naturaleza

Elizabeth Acerbo Balut es su nombre y apellido original; Liz Balut es su nombre artístico; se formó con un discípulo de Raúl Serrano, Víctor Mayol, en la ciudad de Buenos Aires. Liz nos contó cómo fue su infancia en el campo, la escuela, sus comienzos en el teatro. Una mujer apasionante, con mucha luz, muy inteleigente y fundamentalmente apasionada por las letras. Realizó innumerables producciones para la televisión argentina, grandes éxitos en Canal Trece y Telefé. La pandemia la privó de seguir con el éxito de La Nona en el marco de los 70 años del Tafs; también deja su mensaje de unión para los teatristas independientes apoyando al TUR (Teatristas Unidos Rojenses); una nota para no perdersela

 Liz Balut protagonizó varios personajes en diferentes éxitos televisivos en Canal 13 y Telefé

 

Datos personales. Elízabeth Acerbo Balut; nació el 18 de Abril de 1959; padres: Sara Balut y “Baby” Acerbo; hermanos: Yamil y Ricky Acerbo.

 

¿Dónde naciste, como fue tu infancia, el barrio, la escuela?

“Nací en Capital Federal pero me crie en Rojas. Acá crecí. Hice la primaria en el Departamento de Aplicación y el bachillerato en la ENSNA. Mi registro de la infancia es un largo tiempo poblado de fantasmas, miedos y melancolía salpicado por la alegría de ir al campo donde mis hermanos y yo teníamos vía libre. Corríamos y nos corrían los gansos, buscábamos huevos en los nidos improvisados entre el marlo y restos de fardos, nos asomábamos al pozo de donde el caballo guiado por Pancho, el peón del campo, iba y volvía para sacar agua. A mi hermana y a mí nos gustaba estar cerca de Pancho Gaitán, que tenía más o menos la misma edad que mi viejo y se habían criado juntos, porque era serio, silencioso, con profundos ojos negros y representaba todos los misterios de esa tierra interminable y soleada”.

“El barrio de mi infancia era céntrico y vivíamos en planta alta, todos los juegos transcurrían puertas adentro y no teníamos televisión, quizá por eso nos disfrazábamos y empezábamos “¡¡¿¿dale que yo era…??!!” y así éramos gitanas o cowboys, nuestros roles preferidos. Casi a los trece años nos mudamos y las cinco cuadras de diferencia marcaron dos mundos. En la nueva casa la calle era el lugar de encuentro de la indiada del barrio y aunque ya era grande, veía a mis hermanos jugar en el baldío de enfrente liderados por “Chiche” Vega, el jefe supremo que a nosotros nos prestaba su colección de historietas de El Siniestro Dr. Mortis”.

“La escuela primaria formó parte de lo horrible de la vida. Fui buena alumna pero el mandato de obediencia y buena educación me mantenía siempre al margen de la diversión franca o la alegría. Fui una niña sobre-adaptada. Lo único que fogoneaba mi deseo eran las clases de lengua/castellano, escribir, leer y actuar en las veladas de fin de año. La secundaria fue el escenario del cambio, del principio del cambio, porque fueron años de fuerte politización, y pasé de idealizar el modelo de vida familiar de postguerra al modelo de amor comprometido con una causa social, política o existencial. No cumplí con ningún modelo, siempre creí que no pude, ahora diría que tampoco quise”.

“Los cortos años de respiro de casi toda la vida transcurrida en dictadura fueron intensos. Participé en el Club de las Letras y las Artes, que significó concretamente hacer teatro y lo hicimos en nuestro teatro, el TAFS. El Ruso Davidovich nos dirigía, a mí me tocó “Puertas adentro” de Florencio Sánchez. Fue el principio de un camino de mucho trabajo, tenía que aprender a actuar y no sabía”.

 

¿Cómo te diste cuenta o desde cuándo nació el amor por el teatro?

“Cualquier actor que se haya criado en Rojas te va a decir, tarde o temprano, que su relación amorosa con el teatro empezó o cuajó en el TAFS. En Rojas tuvimos esa suerte, un espacio concebido y luego construido para el arte escénico. Ahí nos pasábamos las tardes trabajando. Estaba siempre abierto, siempre activo”.

 

¿La educación es la base de la cultura?

“No. No lo veo así. La educación es una herramienta para el individuo y como tal, un derecho. La cultura es una construcción involuntaria de individuos en conjunto, sucede como producto de su vida en común. Sí creo que la educación proyectada en el tiempo y pensada para el conjunto social, va produciendo cambios culturales”.

 

¿Estudiaste teatro?

“Sí, mi formación básica fue con un discípulo de Raúl Serrano, Víctor Mayol, el gallego.  Me formé con el mismo método que enseña Victoria Boveri. En ese momento le llamábamos Método de las Acciones Físicas”.

“Al principio, cuando recién empecé, tomé un tiempo clases con Franklin Caicedo y también con David Amitin, pero no arrancaba internamente, necesitaba aprender algo que había antes de lo que me enseñaban aunque no sabía qué era. Gracias a que atendía la boletería del TPC (Teatro Popular de la Ciudad) en Corrientes y Mario Bravo, conocí a Mayol”.

“Años después y también en ese teatro, conocí a Máximo Salas y me metí en sus cursos a trabajar devenires, líneas de fuerza y toda una expresividad fundada en la lectura que Máximo hacía de Deleuze y Guattari”.

“Uno de los golpes de suerte fue acceder al Taller para Televisión que daba Alberto Ure en Canal 13. También hice taller con Ignacio Alonso, Pompeyo Audivert, clínica con Mauricio Kartum, curso de doblaje en AAA (Asociación Argentina de Actores), y creo que nada más. Agrego que tras muchos años de estar en Rojas maternando casi exclusivamente, volví a tomar clases con Victoria Boveri, que fue como volver a las fuentes”.

 

¿Te miraste en el espejo de alguna actriz o actor rojense o nacional?

“Digamos que me siento fuertemente inspirada, atraída y me gustaría lograr la calidad expresiva de actrices como Mirta Busnelli, Tina Serrano, Lidia Catalano, Rita Cortese, Cristina Banegas, Leonor Manso y seguro que hay más”.

 

¿Cuál fue tu debut en el teatro?

“La primera obra en la que trabajé fue en la reposición de “1519 Originario”, dirigida por Víctor Mayol en el TPC (Teatro Popular de la Ciudad). A raíz de ese trabajo, donde no daba pie con bola y mis compañeros de elenco me enseñaban, me pasé a tomar clases con Víctor”.

 

¿Cómo fue tu trayectoria y que tipo de actriz te consideras?

“Hice teatro, televisión, publicidad y poco casi nada de cine. En teatro me dirigieron Víctor Mayol, Enrique Dacal,  Guillermo Ghio, Máximo Salas, Gustavo Schwartz, Daniel Misses Mercadal, Laura Cuffini, Lorenzo Quinteros, Emilia Mazer. También trabajé como actriz invitada del Mago Merpin. Ya en Rojas hice “Bodas de Sangre” dirigida por Marcelo Davidovich y “La Nona” dirigida por Victoria Boveri”.

“En televisión busqué contactar con Maestro y Vainman porque me gustaban sus programas, un día conseguí ir a un casting de ellos gracias a Fabián Vena que me contactó y pasado un tiempo me dieron un bolito en una tira que no me acuerdo el nombre. Parece que pasé la prueba de fuego porque luego me convocaron para “Zona de riesgo”, “Los Machos”, “Amigovios”, “Como pan caliente”, “Gerente de familia” y “Las chicas de enfrente”.

En el mismo canal, el 13, hice bolos para “Poliladron”, “Nueve lunas”, “Alas de libertad”. En Telefé participé con un personaje en “El Arcángel” junto a Gabriel Corrado. Y algunos otros bolos por ahï”.

“Respecto a qué tipo de actriz me considero… Básicamente una actriz eficaz. Trabajo para responder a las demandas del director o de la directora, puedo generar signos que configuran al personaje y aprendí con Alberto Ure que no se es actriz de teatro o televisión, sino que se es actriz o actor trabajando distintos lenguajes en distintos medios”.

 

¿Cómo estas atravesando la pandemia?

“Con la suerte de tener cubiertas mis necesidades, de estar fuera de una gran urbe, de tener una casa grande, de estar acompañada por mi hija, de tener apoyo psicológico a través del psicoanálisis, de tener algunos lazos afectivos fuertes y sólidos, con la conciencia de que todas estas cosas hacen la diferencia brutal entre quienes podemos surfear las dificultades y quienes la pasan mal, pero muy mal. Y pensando mucho el desastre que es el mundo”.

 

¿Qué planes o proyectos tenías para este año?

 

“Este año cumplíamos con la 3ª Temporada de “La Nona” en el contexto de los festejos por los 70 años del TAFS. Solo pudimos dar una función. Hubiéramos estrenado “Jardín de otoño” de Diana Raznovich, con la puesta y dirección de Victoria Boveri. En realidad arrancamos cuando entramos en Fase 5 con lectura, producción y aproximación, pero duró poco. Como reversa de todo lo que se detuvo, se puso en marcha el TUR (Teatristas Unidos Rojenses) que me llenó de ganas y demostró que todo lo que importa siempre es con otro”.

 

¿Porque Liz Balut?

“En rigor es el diminutivo de mi nombre, Elízabeth Acerbo Balut. El motivo es estético, afectivo e identitario. Estético porque tiene armonía al pronunciarlo, no se traba ni golpea, se desliza de manera sensual. Afectivo porque en casa, no en el resto de la familia, sino en el seno familiar, siempre me dijeron Liz, es más, mi mamá eligió Elízabeth solo para poder nombrarme por el diminutivo Liz. Identitario porque en la elección del apellido materno, simbólicamente, renunciaba a ciertos mandatos paternos y reivindicaba cuestiones muy profundas que ni siquiera sospechaba cuando lo hice”.

 

¿Un mensaje final, lo que quieras expresar?

“No sé si pueda leerse como mensaje. Quiero hablar del TUR porque significa para mí la posibilidad de pensarme en relación con otros con quienes comparto pasión, proyectos, trabajo, objetivos y un profundo deseo de cimentar la idea del bien común. Justamente fue la situación de pandemia la que propició el nacimiento del TUR, por la necesidad de agruparnos y comunicarnos, de restablecer el contacto pero sin el cuerpo del otro y desde ahí, primero definir nuestra situación como teatristas independientes y luego proponer soluciones”.

“Quiero invitarlos a que visiten nuestras páginas en las redes, que se sumen adhiriendo, que sigan de cerca nuestra actividad, que sepan que no hace falta ser actor o actriz para ser teatrista, que cualquier actividad relacionada con el hecho teatral hace al teatrista y que el TUR nació para visibilizar que ahí hay un espacio que demanda organización para mancomunar esfuerzos y logros”.

“Muchas hacen teatro como un hobby y eso es fantástico, pero no es esa la realidad de la mayoría de quienes hacemos teatro independiente. Es la profesión o el oficio que elegimos y en ese sentido nos formamos y seguiremos haciéndolo, porque ahí está el secreto del mejor producto artístico. Desde ahí nos pensamos como un sector que necesita ser reconocido como integrante de la trama cultural, con obligaciones y derechos”.

 

Liz Balut en Cartas de Mozart en el Centro Cultural General San Martín