Lito Barreiro: «Soy un agradecido de la vida, el haber nacido jugador de fútbol y haberlo jugado bien”

Héctor Carlos Barreiro, alias Lito, si un lugar a dudas su apellido ocupa un lugar muy importante dentro del historial futbolero de nuestra ciudad y la región. Hermano del legendario Armando “Chocho” Barreiro, a quien considera su hermano y padre a la vez; como así también a Luis Omar “Polaco” Alvarado, amigo y compañero de ruta defendiendo los colores de su amado Argentino, el club que lo vio nacer. Fue jugador, director técnico, árbitro e instructor, las cuatro facetas del fútbol. Como jugador salió campeón con Argentino 1971 y 1972 y 1975 con Newbery de Junín; como DT con Boca en 1985; Carabelas 1986; Argentino 1988 y 1990 con Jorge Newbery (llegando a la final de la provincia, contra Olimpo de Bahía Blanca, en el Torneo del Interior). A los 23 años tuvo que dejar el fútbol por una lesión, para dar paso a la faceta como DT. El martes nos recibió en su domicilio, un verdadero templo del fútbol. En sus paredes tiene colgadas fotos, banderines, diplomas, trofeos, y no solamente eso, sino que tiene registrado en carpetas todos los entrenamientos y partidos que lo tocó dirigir, un verdadero placer, un archivo de su historial único e irrepetible. Su pasado como Instructor del Colegio de Árbitros de Rojas así lo rubrican, felicitado por su organización por grandes referentes del arbitraje en la Argentina, como el propio Javier Castrilli y Ricardo Calabia. Lito Barreiro una leyenda viviente del fútbol rojense nos cuenta todo … 

 

Leyendas. Lito y Chocho Barreiro, vistiendo la casaca de la Selección de Rojas

 

Datos personales. Héctor Carlos Barreiro, «Lito», nació en abril de 1954, hijo de Luis Antonio Barreiro y Felisa Quiroga. Sus hermanos son Horacio Luis, Armando Antonio, Ana Lisa, Marta Alicia y Dora Noemí. Es soltero.

 

 

Argentino Campeón 1971. Jué, Gómez, Pérez, Vilar, Comisso, Seratto, Chocho Barreiro, Boveri, Lito Barreiro, Baguear, Martini, Rivadeneyra, Lasalle, Gerolamo, Alvarado y Chavazco

 

 

¿Cómo fue tu infancia?

«Mi barrio fue Aguas Corrientes, y jugábamos en el "sitio"; no le decíamos "potrero". Había tres sitios en el barrio, y alternábamos; pero el más famoso fue el de Papa Amestoy, como quien dice, el Monumental del barrio. Ahí cayeron todos los jugadores de primera. Jugábamos siete u ocho horas por día, y abundaban los barrio contra barrio, a muerte. Teníamos ocho o nueve años, y en el sitio famoso, se jugaba mezclado: los de catorce con los de treinta y cinco o cuarenta. Si tenias miedo, no jugabas, quedabas afuera. La camada esa, los Biorlegui, Tute Peralta, los Ludueña, todos habían jugado al fútbol, y nosotros nos mezclábamos con ellos. Siempre digo que el cincuenta por ciento del jugador viene de la panza de la madre, y el otro cincuenta del sitio; siempre y cuando tengas condiciones. Llegando a primera, jugás seguro».

«Pepe Delgado era el más chiquito de todos; y por eso llegó a lo que llegó. Zúcaro también, se crió con nosotros en el sitio. Jugaban con los grandes, y con un manejo bárbaro. Ahora no pasa eso, los de doce juegan con los de doce. Imaginate que tuviera que jugar con uno de treinta; no agarra una pelota. Pero nosotros nos mezclábamos»

Barreiro hizo sus estudios primarios en la escuela N° 8. Según recuerda, ya egresado, «un día vino un puntero izquierdo, que lo traía Chocho (Barreiro) de Buenos Aires, Raúl Sosa. Tenía una conexión con un 4 de Atlanta, Carlitos Cortés, muy famoso por los saques laterales. Sosa nos propuso que me fuera a probar a Atlanta, vino un sábado a verme, y jugamos en el parque. Se quedó a dormir en casa, y el domingo me llevó en el tren. Fui, hicimos la conexión, y así fue».

 

Antes, te formaste en las inferiores de Argentino. ¿Con quiénes aprendiste?

“Angelito Galeano le enseñó a veinte generaciones, y también a mí. Los de Aguas Corrientes son todos de El Huracán menos los Barreiro, que somos de Argentino. Parece mentira, pero el fútbol es así. Polaco Alvarado jugó en Argentino porque lo fichó mi hermano Baby; si no, ya lo había fichado Martinito. Estábamos en el sitio de Acuña, donde hoy está el jardín de infantes, y me acuerdo de que pasa el Baby, mi hermano mayor, y estábamos jugando todos ahí. Lo llama a Polaco y le hace firmar. A los quince minutos llegó Martinito, pero ya había firmado. Por quince minutos no fue el goleador de El Huracán. El se acuerda del Baby, porque lo fichó”.

“Yo iba a Argentino, en esa época no había séptima y jugábamos a la mañana. Era un infierno jugar a la mañana, ponele que a las diez era el partido; pero estábamos desde las ocho y media en la tribuna. Estaban Cacho Blanco, Jorge Martini, el Negro Avalo, Manolo Díaz, Polaco Alvarado, Roberto Gazo, el Huguito Iriart, Cocoliche Chavazco... Íbamos a las ocho y media, en invierno, con un frío impresionante, y a las diez aparecía Angel Galeano con los equipos. A veces íbamos a Carabelas en camión; yo la viví a ésa, y antes fue peor todavía. La quinta y la cuarta jugaban el sábado a la tarde, ya era otra cosa”.

 

¿A qué edad te fuiste a Atlanta?

“A los trece años, cumplía catorce. Ahí arrancó mi experiencia en un club importante. Cuando me fui a probar, hubo dos pruebas, dos viernes. Fueron prácticas nocturnas. Estábamos jugando y se me acerca Osvaldo Diez, por el área. Me dijo que dejara de jugar, y que iba a ser jugador de Atlanta. Ahí le pegué el grito a mi hermano, y a los quince días ya habían cedido el pase. Yo no estaba definitivo en Argentino, se renovaba por año, aunque fuera menor. Me dieron el pase y empecé a jugar en la séptima de Atlanta; estaban en primera en ese momento. Hubo tres grandes técnicos: Pipo Rossi, el famoso Patrón de América; Spinetto y Osvaldo Diez. Lo conocimos a Rossi, un tipo de dos metros, malo de carácter, un vozarrón... ¡pero lo que jugaba! ahí estuve tres años y medio, me cansé, extrañaba un montón el barrio, los amigos, en esa época era así. Buenos Aires era muy lejos, ahora cambió todo, llegás en dos horas. Pero la cuestión es que me empaqué, me retó un poco el técnico, pero me volví. Aprendí un montón, me sirvió; tengo muchas cosas a favor que nunca me valoraron. Yo me lesioné en el año 73, y en el 74, con veintitrés años, era técnico de la primera de Boca. También fui técnico de la selección mayor a los veinticuatro. Pero nací con personalidad y respeto por los jugadores, y para eso me sirvió lo que aprendí en Atlanta”.

“Cuando empecé a dirigir, les llevaba un campo a los demás, aunque éramos todos aficionados. Había aprendido allá, siempre me quedaba a ver los entrenamientos de la primera, de los arqueros, y cuando fui técnico, todo eso me sirvió, por ejemplo la manera de pelotear a los arqueros. Cuando dirigí a Newbery, en el 90, famoso torneo del interior, tuve que pelotear a Gato Cardoso y a D’amore. ¿Sabés lo que es trabajar con arqueros de ese nivel? Me acuerdo de que estaba Carlitos Salinas, que recién empezaba, era joven, y los hacía correr por la pista. El Negro Carrizo para la práctica y nos cargaba a los demás. Yo le pegaba, el Gato y D’amore se me adelantaban, y tapaban. Eran profesionales, pero me hacían renegar. Orgullo que le queda a uno”.

 

De Atlanta te viniste a Argentino...

“A las inferiores; pero duro poco, porque debuto en la primera en el año 71, con diecisiete años. Debuté con Polaco, no me acuerdo contra quién. Fue el año que salió campeón Argentino, hasta el 73. Ese año no jugué por un problema en la rodilla; después me recupero a medias; jugué en el 74, me voy a Junín en el 75, en el 76 jugué en Newbery y termino en el 77 en Boca. Teníamos un plantel que era una selección. El último año mío estaban Manelli, Manano, Hornero, el Chocho y yo. Salimos cuartos, algo así”.

 

En Junín jugaste en Newbery...

“Sí, tenía veinte años. Fui por intermedio de Comisso, que es nativo de Junín y tenía conocidos allá. A mí me tocaba la colimba, y era un año perdido; entonces aproveché y jugué ahí, sin probarme. Había medio equipo profesional, y tenía dos consignas el equipo: tirarla afuera o dársela a un contrario, era un delito. El arquero venía de River, cuando River lo compró a Fillol se vino para Junín. Entrábamos ganando uno a cero con ese arquero. Jugó ocho años y ganó los ocho campeonatos seguidos. Venía los jueves, y paraba en el hotel Central de Junín. Me decía «Barreirito» a mí me quería mucho, tenía treinta y tres años, y yo, veinte. ¡Las verdades que me decía! Y me aconsejó que no me quedara ahí, que fuera a «robar» a los pueblos. Sacaba con la mano hasta la mitad de la cancha, me la ponía al pecho. En los corners, la descolgaba rapidísimo. Pero era vagazo en las prácticas. Salimos campeones invictos; no perdimos un partido. Con honestidad y humildad te digo que, de catorce partidos, en diez salí figura. Veinte años, volaba; y tenía unos compañeros bárbaros. Alcancé a jugar cuatro partidos del torneo del interior. Uno fue en Mar del Plata, con Kimberley; estaban haciendo la cancha del mundial 78; llovía, y empatamos uno a uno. También fuimos a Neuquén, con una cancha de tierra, sin pasto. Jugamos ahí y perdimos uno a cero, con un expulsado”. Ese mismo año, el día del ejército, armaron un partido amistoso con Estudiantes. Vinieron todos, Pachamé, Malbernat, Togneri, Galleti ...

 

Después te volviste a Rojas...

“En el año 76 jugué en Argentino y salió campeón Boca, nosotros subcampeones. Nos ganaron en nuestra cancha, cuando Bicho Chavazco lo agrede al árbitro, Araujo, que era un policía rosarino. En el 77 Boca arma el gran equipo, y yo voy, Pero después me lesioné, y muchos otros también. Aun lesionado jugué en la selección, cinco o seis partidos. El último fue en Chacabuco, lloviendo, y sobre la hora mete el gol del triunfo Raúl Linare. Yo no daba más, tenía la pierna a la miseria; pero no pude salir porque ya no había cambios. Salgo figura, rengo; sin estar bien. Y ahí me retiré. En Boca estaba como presidente el Bebe Fernández, y me propuso que fuera el técnico. Empecé, y en el 79 me da Argentino todas las inferiores; estuve como cinco años ahí, solo, y en el 85 me dice Miguel Balbo que lo acompañara como técnico. Fui, y estuve siete años en la dupla con Miguel. Soy un agradecido del fútbol, trabajé mucho con eso. El 95 por ciento de mi carrera la hice sin profesor; la parte física, todo. Me las rebuscaba con eso”.

 

¿Cuántos campeonatos como jugador y DT?

“Como técnico tengo cuatro; y como jugador, tres. Como técnico: 85 con Boca; 86 con Carabelas; 88 con Argentino y 90 con Newbery. Como jugador, 71 y 72 con Argentino y 75 con Newbery de Junín. Y dirigí nueve juveniles seguidos.

 

¿Y la Selección de Rojas?

“Estuve en la mayor, pero muchos años con las selecciones juveniles. Recuerdo mucho la del 80. Jugamos contra Junín, que tenía un equipazo. Con nosotros estaban el Topo Seletti, Luis Aladro, un petisito número 9 de apellido Biassi. Los arqueros eran Mauricio Biocca y Miguel Fioravanti, pobrecito, que falleció. Lo que siempre destaco del fútbol, por lo que me ha tocado, es que a los grupos los arman los jugadores. Si tenés dos o tres mala leche, ni diez Menotti arman el grupo. Yo siempre tuve suerte, no traje mucho, pero lo que me tocó entrenar eran excelentes como persona”.

 

Como jugador y como técnico fue muy precoz; y la otra etapa, como instructor y como árbitro, ¿cómo fue eso?

“Hice las cuatro facetas del fútbol: jugador, entrenador, árbitro e instructor. Y no como caradura, sino que primero me preparé. En realidad arrancamos sin cursos, sin nada; nos anotamos en la Liga y nos mandaban a dirigir. Pero yo quería desterrar eso, y así armamos el Colegio y los cursos. Formo el Colegio, con la preparación que ya tenía, y viajaba cada quince días a Buenos Aires, porque hay que estar actualizado. Las reglas cambian. El Colegio era un lujo, uno de los mejores, entre los más reconocidos de la provincia de Buenos Aires. Yo me animé, con sexto grado de primaria que tengo, a hacer los exámenes, a proponer las respuestas, a dividir en dos años las dieciséis reglas que tiene el reglamento... y ahí está, es como la escuela: el que pasa, pasa. Hay carpetas individuales para cada uno, diplomas para que se reciban. Que salgan malos o buenos, es otra historia; a la teoría, yo la dí. Lamentablemente, el Colegio no existe más; no hay en Rojas. Si un jugador le pega a un árbitro, le está pegando a un extraño, no a un colegiado. Rojas está acéfalo. Yo no sé por qué me echaron a mí, nunca lo supe; pero ni siquiera me reemplazaron. Desapareció el Colegio, no lo armaron nunca más, y no es fácil armar uno. Eso fue mi carrera. Tuve suerte. Nunca tuve problemas, ni con los adversarios; no hace falta ser peleador, o prepotente, para que te respeten; con respeto, se logran los objetivos”.

 

Seguramente quedan cosas para hablar; pero ¿qué significó el fútbol en tu vida, qué te dejó? ¿Y qué significaron Polaco y Chocho?

“El fútbol me dejó lo que nos deja a casi todos, muchos buenos momentos (lágrimas). Soy un agradecido por haber podido jugar, por los amigos. Polaco fue un amigo y un hermano del alma; y Chocho, bueno... un hermano y un padre”.

 

Con amigos en el sitio de Papa Amestoy en 1962. Norberto Gratone, Gilberto Keller, Jorge Ravagnán, Rubén Auvén, Miguel Cámpora, Polaco Alvarado, Hugo Sabatini, José María Keller, Eduardo Reyes, Lito (cuando tenía 8 años) y Luis Auvén.

 

Jorge Newbery de Junín Campeón 1975. Alfredo Gironacci, Roberto Polo, Zunino, Héctor De Antoni, Horacio Rodríguez, Mario Molina, Juan Carlos Vilches, José Tomino, Lito Barreiro, Juan Frías y Héctor López.