Oscar Alfredo Di Giacomo. “Siempre hacía goles, pero cuando no, me amargaba, el nueve vive del gol”

Datos personales. Oscar Alfredo Di Giacomo nació en marzo de 1957, en una casa ubicada en Dardo Rocha entre Padre Sánchez y Pueyrredón, hijo de Hilda Victoria Valdés y de Lorenzo Di Giacomo. Es hermano de Hilda, Lorenzo y Miguel Antonio. Tiene cuatro hijos: Hernán, Malena, Franco y Santino.

 

El chueco Di Giacomo ingresando a la cancha de Independiente jugando para la reserva de Gimnasia y Esgrima La Plata

 

¿Cómo fue tu infancia?

“Tuve una infancia feliz; Rojas estaba lleno de potreros, había barrio contra barrio, jugábamos tres o cuatro horas por día al fútbol; salíamos de la escuela y nos íbamos al potrero; y cuando anochecía, no había luz, y seguíamos pateando abajo de la lamparita de la esquina”.

 

¿Cómo te formaste futbolísticamente?

”Un día quisimos ir a jugar a una cancha y elegimos Newbery. Mi viejo siempre me apoyó con el fútbol, quería que fuera jugador, y yo tenía condiciones. La mayor parte de mi carrera la hice por mi viejo, porque era una cosa sacrificada viajar todos los viernes a La Plata, volver los sábados o los domingos, invierno o verano. Pero siempre tuve el apoyo de mi familia”.

 

¿Qué recordás de aquella sexta de Newbery?

”Estaba Orlando Parisi de técnico, el Chilo. Nos decía –qué hacés, cachafaz– y nos pegaba un cachetazo; muchas enseñanzas, de gente maravillosa”.

 

¿Cómo se da la llegada a Gimnasia?

“A los quince o dieciséis años había empezado a jugar acá en primera; y después por intermedio del corredor de autos Alfredo Martín, ganador de muchos premios de automovilismo, me recomendó para que vinieran a verme desde La Plata. Vino Aníbal Díaz, que fue el hacedor de Maschio, de Bertoni, de Angelillo, todos esos monstruos, me vio y quedamos en que me iban a llamar. El 13 de diciembre me citaron para que fuera a practicar, y me fui a La Plata. Viste cómo son las pruebas... hay dos mil pibes, y cinco o seis partidos simultáneos. Te sacaban de uno y te metían en otro, y así te iban rotando. Creo que tuve suerte porque en las prácticas hacía goles, y eso lo convenció a Aníbal Díaz para ficharme. Me acuerdo de que llegué al bosque y era impresionante la cantidad de chicos que había. Siendo paisano, llegar caminando desde la terminal hasta el bosque... había que tener todo muy claro. Además mi viejo me empujaba y me bancó siempre, eso fue muy importante para mi”.

 

¿En qué división comenzaste, en Gimnasia?

“En la sexta división. Los primeros dos años, hasta que terminé la secundaria acá, viajaba; después, cuando terminé, me instalé allá. Practicábamos mañana y tarde, y la pretemporada era bastante dura: corríamos quince kilómetros y después gimnasio, complemento de pesas, todo lo que correspondía. Y a la tarde, fundamentos de fútbol. En ese momento estaba como técnico en la escuela de fútbol Miguel Ignomiriello, con el Chino Héctor Salvá que había salido campeón con Uruguay en 1966”.

 

¿Recordás algún clásico con Estudiantes en el que hayas hecho goles?

”Siempre hice goles; era lo más importante. El día que no hacía al menos uno, sentía que había jugado mal. Uno está para eso, el nueve vive por y para el gol”.

 

¿Cómo fue el debut en primera?

”Fue pasando el tiempo, jugué algunos partidos en tercera, y después nos pusieron a Ducca, a Alegre y a mí. Siempre andábamos juntos con ellos. El debut fue contra Atlético Tucumán, en el Torneo Nacional. Terrible el calor en Tucumán; te estabas cambiando y parecía que ya habías jugado el primer tiempo. Hacías un pique y veías espejismos. A pura rodaja de limón jugábamos. El equipo de Julio Ricardo Villa, que jugó en la selección”.

 

¿Cuáles son los partidos que más recordás, jugando contra los grandes?

“En reserva le hice goles a Boca; en cuarta, a River; en tercera, a San Lorenzo. Según la zona que tocaba, había equipos cabeza de grupo y te cruzabas con equipos chicos también. Jugamos contra Independiente, contra Argentinos Juniors... todo muy lindo. En la cancha de Gimnasia, y por falta de experiencia, me perdí de hacerle un gol a Gatti. Después hice uno exactamente igual a Cipolletti en el clásico de Río Negro, de la misma manera, arrancando en el mismo lugar y encarando en diagonal hacia el arco. Cuando me salió el arquero, se la toqué. De esos goles hice muchos, después de perderme ese gol contra Boca. No es fácil; uno va a la carrera, gambeteando, y se le da la oportunidad o la suerte de que con un amague se queda parado el defensor”.

 

¿Cómo siguió todo después de la primera de Gimnasia?

”Vienen de Estudiantes de Río Cuarto a buscar jugadores para un regional, y me fui a préstamo. En el 77, a fines. Estaba la posibilidad de ir a Chile, y en Uruguay estaba el club Sudamérica, que me quería definitivo. Después terminé arreglando con Deportivo Roca, donde estuve cuatro o cinco años. También jugué en Independiente de Neuquén, adonde fuimos cinco jugadores a préstamo, y finalmente me volví a Rojas, cuando el fútbol allá se hizo un poco amateur y las recaudaciones no eran lo mismo. Llegado a Rojas me llamó un medio empresario, que tenía una agencia de autos, el Ruso, porque quería que yo eligiera si quería ir a Nueva Chicago, a Chacarita o a Quilmes; no quise. Me había acostumbrado a una ciudad–pueblo como era General Roca, no quería ir a viajar continuamente en Buenos Aires. No fui, me quedé en Rojas y jugué en Newbery, hacia fines del 82. En el 83 había una comisión de lujo, unas personas bárbaras, el doctor Boyeras, Sánchez, Juan Piqué, una comisión espectacular, que te respetaban como persona, lo que uno más quiere”.

 

El del 83, año en que se nos fue Caco Andreozzi, hubo un torneo entrañable, por todo lo que pasó...

”Newbery logró salir campeón después de veintiocho años, y tuve la suerte de estar en ese equipo. Fue una alegría inmensa, haber vuelto y encontrarme con el campeonato después de tanto tiempo. Al año siguiente, en el 84, también salimos campeones. En el 86 me fui a Carabelas, y en el 87 jugué algunos partidos para Boca en un regional. Me retiré a los treinta y cuatro años, más que nada por cuestiones de trabajo. Estaba en la Cooperativa, y todos los domingos tenía que estar pidiendo rotación de turnos con algún compañero”.

 

Has jugado con grandes jugadores. ¿Cuál fue tu mejor socio?

”Estuve mucho tiempo en Río Negro, y teníamos el juego afianzado con los mediocampistas, nos entendíamos bien. Te ponían la pelota y uno iba libre a encarar al arquero. Lo mismo en Newbery con el flaco Miguel López, Mario Mangui, estuvimos como siete partidos sin ganar un punto; pero después se dio vuelta todo, no perdimos más y le ganamos la final a Argentino”.

 

¿Cuál fue tu mejor momento futbolístico?

”Hubo muchos momentos; cada final que jugás, cada partido importante, te marca. Yo tengo jugadas en la cabeza que no se me borran más; y más que nada, cuando vas a disputar finales como contra Quilmes de Mar del Plata, adonde fuimos de paseo y les ganamos 4 a 0. Volver a Rojas y convertir en la final; al otro año nos toca la final con Juventud, y el único que me atajó un penal fue Pedrito Detomassi, en la final; pero hice dos goles y ganamos. Son todas cosas que te quedan grabadas, como la jugada que salió en la revista Goles contra Boca y que casi le hago un gol al loco Gatti”.

 

¿Qué es lo más difícil para un delantero?

”Creo que el delantero, antes de recibir, tiene que acomodar el cuerpo. Si recibís de espaldas, tiene que haber alguien con quien descargar y que devuelva enseguida; así te sacás dos tipos de encima en una jugada; y uno de mis fuertes era usar el cuerpo. El profesor Whebe nos enseñó a saltar a cabecear, el que estaba en San Lorenzo con el Bambino Veira. Yo era leal con los leales, pero si iban a pegarte, yo usaba los codos”.

 

¿Qué te dejó el fútbol en la vida?

”El deporte es una disciplina, y si sabés integrarte vas a lograr muchísimos amigos, que es lo que te deja; y el respeto de la gente hacia vos. Yo siempre me sentí como «mimado» donde estuve, porque hice las cosas siempre como las tenía que hacer. Si tuviese que volver a hacerlo, lo hago. Tengo amigos en Mendoza, en San Juan, en Concordia, por todos lados quedan amigos. Por circunstancias no te ves, pero por ahí hay algún encuentro, todos los años hay algo”.

 

¿Algo para agregar?

”Un saludo y un agradecimiento para toda la gente que me quiere, que se cuiden y si Dios quiere podamos superar esta pandemia que nos ha cambiado la manera de vivir”.

 

Cuarta División de Gimnasia y Esgrima La Plata en 1975. Casanueva, Miguel, Robledo, Armendariz, Cassé, Córdoba, Genin, Gallardo, Di Giacomo, Cardinali y Foccacia

 

El Deportivo Roca, donde Alfredo Di Giacomo, fue goleador y figura. Saldico, Bernardiz, Guaita, Graneros, Salcedo, Lizzi, González, Batalla, Tapata, Di Giacomo y Flores